Hoy se me ocurrió que era más simple antes , cuando solo jugaba y soñaba con un día llegar a la luna en cohetes gigantes .
Llegado este Punto,me doy cuenta del paso irremediable del tiempo. De lo inevitable de su curso . Lo imposible que es frenarlo ,para que la finitud no me alcance …
Es una sensación extraña. Cuando uno entiende al fin que todo muere. Sobreviene primero la angustia. Un hueco Ondo y doloroso en el pecho , en que flotan preguntas y lágrimas.
Pero después, cuando uno tiene algunos años más, viene esta suerte de liberación. Este despojarse del pánico ante la certeza de extinguirse.
Quizá se analiza la vida. Para atrás y para adelante… Se proyecta , se ve que se puede pulir,se intenta no cargar tanto con lo que no se puede cambiar ya …
Es una virtud del pesimista, resignarse quizá , al fin de sus días? Ha encontrado el secreto para transcurrir por la vida sin el deseo ferviente de ser eterno?
Yo creo que se puede, sin embargo, nunca morir.
Mientras se haya dejado algo en el mundo,y siquiera una obra imponente … Si no,más bien , algo pequeño. Un recuerdo grato en algún otro ser que habite,al igual que nosotros este planeta.
Mientras alguien pueda pensarnos y sonreír , con algo de cariño entre los dientes. Entonces,habremos vencido lo imposible. Habremos sobrepasado la barrera de lo natural , y estaremos vivos , cada vez que se nos nombre.
Aún así, era más simple cuando jugaba. Y no me encontraba mi cena fría, esperando, mientras me quedaba pensando que era más simple antes … Cuando no pensaba en estas cosas.
Lo saludó entonces con un amable beso en la mejilla, y ambos se sentaron frente a frente en sillones del pequeño reservado .
Entonces lo pudo ver.
Saliendo de la nada,trepando por las paredes del salón. Las desorbitantes llamas se alzaban y gemían quemándolo todo. Pronto solo ellos se mantenían intactos,mientras los abrazaba el incendio.
Sostuvieron la mirada en silencio ,tratando de sosegar el agitado grito del corazón.
Que pensas? –le dijo él.
Me creerías loca –tomo la copa y la asomó a la boca pintada-pero veo todo ardiendo a nuestro alrededor.
El bajó la mirada un isntante y jugando con los dedos en la marca que dejo el vaso en la mesa contestó:no puede ser malo,cuando uno mira a alguien,y siente ese fuego en el pecho.
-No olvides,querido que el fuego muchas veces,también provoca el caos.
Publicado en antología Nuevas Letras Argentinas , presentada en la Feria del libro en 2018.
HEROE
Quisiera decir que fue más mística esta tarde.
Que había un cielo pintando el ocaso en un paño de ocres, y la arena flotaba alegre mientras el agua la empujaba a la orilla.
Quisiera decir que el viento salado golpeaba mi cara y mis pies chapoteaban en el agua helada.
No fue así. Era solo otra tarde.
Pero quien sabe al fin y al cabo que es lo que distingue un día de otro. Que es lo que hace grande a un día, o como un día se vuelve, de la nada, importante y mágico.
Nunca tuve mucho y será por eso, que encuentro en la simpleza cosas invalorables.
No tengo mucho, no. No sé qué es mucho para los demás.
Para mi mucho fue despertar una mañana y decidir dejar de lamentarme. Por mí y por el dolor ajeno, que más de una vez me ha conmovido. Por la fría crueldad de un mundo al que quizá nunca pueda cambiar…pero ¿Por qué no intentar?- Me dije.
Ese día salí a la calle dispuesto a ofrecer todo aquello que nadie me daba. Primero, salté de la cama con raro entusiasmo, y llame a mi madre. Hacía un tiempo se había quedado sola, y la adultez… o la rutina nos habían separado. Pude decirle cuanto la extrañaba. Pude rozar sus oídos con mi vaga voz y recordarle que la amaba… que allí estaba para ella. Después de todo, nunca tuve mucho, pero tenía una madre aún. Eso es bastante ¿verdad?
Después de colgar Salí afuera.
Como siempre el portero del edificio había dejado abierta la canilla mientras barría las hojas. Como me enojaba ese hombre. Ahora que lo pienso me da risa.
Al pasar a su lado lo miré, fijo a los ojos. Nunca había notado que sus ojos eran grises. Que tenía una mirada cansada, algo triste. Y en vez de recriminarle, me detuve para preguntar -¿Cómo estas hoy Osvaldo? El hombre medio asombrado, medio desconfiado me tiro un:- muy bien José, ¿ y usted? – entonces me senté sobre el escalón de salida y le empecé a contar. Nos reímos un rato y al final me fui de allí sabiéndolo un señor muy amable, con sus problemas como todos, con sus defectos… como todos…como el de no cerrar la canilla.
Doblando justo a la esquina estaba esta señora. La que pedía monedas con un bebé en brazos y un pequeño de unos años sentado a su lado.
Siempre sentí cosas contradictorias al respecto. Nunca entendí. Pero no iba a hacerlo en ese momento, así q al pasar saqué la billetera.
-A ver señora, ¿cuánto necesita para irse a casa? Esos chicos tienen calor y no es el mejor día para que los tenga la calle-y traté de terminar esbozando una sonrisa.
La mujer no me dijo nada. Creo que se moría de vergüenza.
Entonces mire cuanto tenía: 35 pesos… se los dí…
La mujer agradeció y guardó el dinero en un bolsito. Y me prometió marcharse en ese momento con las criaturas, así que seguí, satisfecho.
Seguí unos pasos y me senté en la garita de la parada. Hacía calor para trabajar, pero otra no queda.
Cuando subo al 60 me voy hasta el fondo y me siento.
Dos paradas más adelante suben dos chicos que iban a la escuela.
¿Ya volvió tu mamá? Le preguntó el más grandecito. Unos 8 años tendría. No-contestó el otro-mi papá me dijo que ya iba a volver. Pero hoy no fue a trabajar porque tiene que cuidar a mi hermanita.
-Que mal. Bueno ya me bajo-le respondió el amiguito.
Yo miré al chico, parado frente a mí. Con su mochila cruzada, con un cierre roto. Un guardapolvo cortito, dejado quizás por algún primo. Su manito se sostenía fuerte del asiento. Su cara miraba inmóvil por la ventanilla, separada del tumulto que lo rodeaba.
Fue cuando vi caer una lágrima que deje de retenerme.
Le puse mi mano en la suya y le di mi más simpática mirada. El niño desconcertado se secó los ojos.
-No te preocupes, le dije.- Vas a ver que esas cosas de grandes siempre se arreglan.- Y seguimos conversando todo el camino hasta que se tuvo que bajar.
Todas las mañanas por una semana hice el mismo proceso.
Llame a mi madre, charle con Osvaldo, le dí lo que me quedaba de changuear A la señora y hablaba con el chico del colectivo.
Dos semanas después los diálogos con mamá eran rutina. Osvaldo era una fuente inagotable de chismes y de carcajadas antes del trabajo. Ana, la señora que pedía, limpiaba en casa, o mi intento de casa, y a pesar de que no había mucho para hacer me vi feliz de que se sintiera útil…
Y Raúl…bueno con él nos hicimos amigos. Y aunque en dos semanas su mamá no había vuelto a casa después de haberse ido quien sabe a dónde , consolar a su hijo sin juicios ni expectativas de tener algo a cambio me hacía sentir lleno.
Así que a la noche volvía cansado, pero tan vivo.
Ya algún tiempo después descubrí que es cierto eso que dicen, de que hay más felicidad en dar que en recibir.
No renegué con la gente en el trabajo. Le dejé siempre los caramelos a la cajera. No me pelee con el colectivero cuando me cobraba de más el boleto ni me enojé si me bajaba una parada después.
Traté de pagar con amor a todos. El mismo que vos me enseñaste. Yo sé que quizá no llegué a ser quien hubieras deseado. Sé que no pudiste bancarme y que yo tampoco pude, una universidad. Y sé que siempre me costó tener un trabajo.
Sé que quizá en esta vida no logre tener una casa propia. Y que no siempre puedo ayudar a mamá tanto como quisiera.
En todo eso pensé en este momento. En este lugar. En este día que me tomé para mi subiéndome al tren,¡ el nuevo!
Cuando ví el mar no pensé en que no estaría aquí más de un día.
No pensé en lujos, ni en hoteles. No pensé en cuanto duraba el viaje.
Solo me entregué a la imagen y me sentí agradecido.
Quizá no sea mucho. Pero lo que sea que soy… espero que estés orgulloso de mí. Puedo decirte que no hago más que dar. Es lo que hacías vos. ¿Verdad?
Ya lo entendí. Te lo prometo.
Te vi llegar mil veces agotado a la casa, y jamás me negaste tu abrazo. Nuestros grandes lujos eran las mateadas a la orilla de la panamericana y alguna ida a cenar alguna vez, y te costaba tanto….y jamás te oí quejarte. Te vi pasar por todo sin dejar de dar lo mejor. Y aunque jamás fuimos ricos, para mi fuiste tan grande… me has enseñado tanto. Papá: cuando sea más grande, quiero ser un héroe, como lo fuiste vos.
En este ocaso, yo te abracé. Mañana le toca a Raúl.
Van pasando las estaciones, pensando que tal vez te encuentre a la vuelta del viaje.
Adelante, la puerta se abre lentamente, y la gente va y viene sin notar que te espero.
Un tipo algo desgreñado, a unos asientos de distancia va hablando solo, y se ríe. De la nada, mostrando todos los dientes.
Quizá no sea locura. Tal vez solo viaja con la presencia de algún amor, que lo acompaña a todas partes, como un fantasma.
Cuando pienso en vos también sonrío a veces. Trato de desdibujar la muecaa de la cara…porque me creerían demente.
Te recuerdo y me arde el pecho, y por ratos es tan alegre…por otros me aprieta el alma, y te volves una pena. Pero qué lindo es soñarte despierto!
Andar por la calle evocando tu aroma. Tu risa grave, y la sensación de tu barba en el saludo, rozándome la cara.
Cada vez que apoyo la cabeza en la ventanilla estas vos, viajando dentro de mí, dentro de todos mis deseos.
No puedo evitarlo. Das vueltas por aquí todo el tiempo. Y no puedo frenarte.
El hombre se da cuenta. De golpe. Y su mirada se fija hacia el paisaje gris y algo nublado. No hay nadie allí, no. Más que esa estela de dicha, que dejándole los brazos vacíos , atravesó su viaje.
Todo pasaba rápido en mi cabeza como una vertiginosa película .
Girando en la cama,como un trompo,desarreglando las frazadas,tirando las almohadas.
Era mucha ansiedad para tan pequeña habitación.
Quise llorar.
Quise gritar y ponerle voz a mi tristeza.
Seria una voz taciturna,pero potente . Como el viento que se desprende errante sobre el océano ,formando las olas.
Una voz que dejara bien en claro todo lo que había dentro de mi.
Asi pasaban los minutos. Todos los conte,deshojando aquel recuerdo inútilmente. Resguardando su rostro en cada latido.
Veranos atrás…hace tanto.
Aquella noche estalló frente a mi como un derrumbe.
Recuerdo los sauces,temblando sigilosos en la oscuridad.
El suave bramido pasando por sus hojas.
Y tu, y yo,tirados sobre el suelo contemplando las luciérnagas ,que dejaban a su paso un halo verde de luz. Nuestra risa trinaba entre las flores. Tus dedos se enredaban en mi pelo .
¿Cuánto es para siempre? Te dije
Para siempre es mucho tiempo ….contestaste vos,clavándome esa mirada.
Era mucho , era demasiado tiempo,pero aun asi no fue suficiente.
La vida paso y a aquella noche de juventud le sobrevino la edad. La adultez,madurar.
Tomar otros caminos y distanciarse.
Es una broma esta vida ¿verdad? Siempre lo creiste así, y yo siempre lo negué,hasta hoy.
Vos tenías razón.
Será por eso que después de tantos años ,cuando finalmente me decidi a buscarte , ya no estabas ahí.
Los sauces temblaban,las luciérnagas flotaban . la noche se hacia pesada y sombría. Pero no estaba tu sombra en el patio ,ni tus huellas en el suelo.
O el perfume de tu piel sobre la hierba.
“para siempre” decía ,con letra frágil tu última carta…para siempre….es mucho tiempo.
De las cosas que más duelen durante estos días,podría mencionar andar por la calle, viajar en tres, abrazar a un amigo ,imaginar a dónde va la gente… Hay tantas cosas que se extrañan. La normalidad, es la peor de todas.