¿Qué estrategias utilizas para sentirte más a gusto en tu vida diaria?
No importa que tan malo sea el día, siempre ocurre algo tontos, fugaz, que nos recuerda que estamos vivos.
¿Qué estrategias utilizas para sentirte más a gusto en tu vida diaria?
No importa que tan malo sea el día, siempre ocurre algo tontos, fugaz, que nos recuerda que estamos vivos.
Finalmente luego de mucho trabajo, mi libro está aquí. Supongo que es un gran logro, y fue fruto de mucho sacrificio.
Tuve el lujo de estar presente en la feria del libro de Buenos Aires firmando algunos ejemplares.
Si les apetece, pueden conseguirlo aquí:
● https://www.tintalibre.com.ar/books/category/all/search/1/Notas%20Marginales (formato físico o e-book)
● https://a.co/d/0uOTdIt (Amazon)
Ojalá tengan la oportunidad de leerlo.
Un abrazo a todos.




Hay una voz en mi cabeza
que no arde ni quema.
Como un murmullo desolado
en algún rincón estancado.
Yo la oigo gritar por las noches
y finjo ignorar su existencia,
porque me aturde la insistencia
de su incontrolable presencia.
Y no la curan los médicos,
ni la acallan las pastillas.
No la alivian las lesiones,
ni el abrazo,o las canciones.
Y me da miedo escucharla
y entenderla de algún modo.
Yo sospecho que es la muerte,
O mi alma, pidiéndome ser fuerte.
Quisiera poder decir que me quiero morir. Nadie me deja hacerlo. No me preguntan por qué. No me dejar hablar al respecto.
Quisiera poder morir.
Acostarme hoy y no despertarme nunca.
Es un deseo muy profundo,casi un ruego.
Pero al parecer para el resto es vergonzoso. Es un tabú.
Se supone que debemos ser felices.
Se supone que debemos conformarnos con lo que nos toca.
Se supone que se cura haciendo aquellas cosas que ya no tenemos la mísera voluntad de hacer.
Yo quisiera morir hoy.
Porque ya he andado mucho.
Tengo los zapatos y el alma, y el amor por la vida gastados.
Porque lo he dado todo.
Y todo lo que queda,es expirar al fin y pudrirme en este mundo al que no pertenecí nunca.
¿Y a quien le importa?
Que mi cama ya no sea mía
Y que deba pedir permiso
Para acurrucarme en una esquina.
Que nadie note que estoy cansada
Que sigan gritando a voz alzada
Como si dormir fuera mezquino.
Quien me verá la marca en el cuello,
La soga fina en la ventana.
Quien levantará el teléfono
Para fingir que me llama.
A quien le importa?
Al de la secta proclamada,
Al que me pidió para el vino
O al que nunca le importe nada.
No.
No hay más certeza que la muerte,
Y es nuestra única muestra despiadada
De fe irrevocable e inocente.
Y a quien le importa,
Si a mi misma,
No me importa.
Luego de mucho tiempo y esfuerzo, este proyecto está a punto de ver la luz….
No puedo explicarles la felicidad que provoca.
Pronto les estaré dando más novedades.

Era una seguidilla de días soleados.
No se porqué, pero el resplandor del sol pegaba en las veredas con brillo dorado,y todo parecía algo más luminoso.
Íbamos con mi hija de vuelta a casa, sin hablar de nada en particular.
Una mañana especial como cualquier otra.
Por la calle pasaban los autos,y recuerdo, en esa esquina en la que alguna vez pensé en vos, me llamó la atención el terreno pelado.
Tiraron la casa abajo- dije, mientras por la cabeza flotaba tu foto.
Si ma, hace bastante ya.
El perro del vecino nos esperaba, como siempre, para ladrarnos desde la cerca.
No se por que. Pero todas las veces me asustaba.
Yo si sabia que iba a estar ahí, acechando agazapado entre los floripondios de su dueña, esperando salir como bola de cañón furiosa. Pero al llegar, la conciencia se apagaba, y me tomaba por asalto el feroz ladrido.
Las dos nos asustamos , y entonces nos reímos.
Y yo ví, en su mirada pícara y cómplice, la chispa vaga de mi triste existencia y por un momento fugaz tuve esperanza.
De la casa en alto de la esquina colgaba ese jazmín de azahar precioso que yo cada verano envidiaba, regalándonos una rafaga perfumada con el viento. Me abrazó ese perfume, y me sentí agradecida de haber existido en ese instante;agradable, dulce… como la caricia de un hijo, o el día de cobro de un primer salario que ya no vería.
Y aunque me dio algo de nostalgia, seguí sonriendo, escuchando como bajo del agua la voz difusa de “la negra”, que no paraba de hablar. Nunca para de hablar.
El camino se hizo algo más corto. Algo más rápido. La bajada frenética del caminito parecía anticipar alguna cosa.
Un nudo en el corazón que era grande, como las paredes del barrio vecino, con sus alambres de púas y sus cámaras.
Y no se porqué. Pero de verdad, no lo entiendo. Al llegar a casa la luz se hacía cada vez más tenue, y cruzando la puerta , ya era un abismo.
Se apagó el sol, el azahar y la risa. Volvieron los recuerdos tristes y la angustia en la garganta.
Y nada había pasado. Ni bueno, ni malo.
Nada extraordinario, ni trágico ese día, más que cualquier otro.
Había sido uno más. Simple. Corto. Perfecto.
El día en que decidí morir.
Estas durmiendo?
Estas dando vueltas a esta hora , igual que yo, escuchando algún tema que te lleve a los brazos entre los que te gustaría descansar?
O estas en alguna parte, tomando algo, mientras reís como un nene, dibujando fotos de ig en tu soledad, viendo con quien llenarte esta noche…
Pensaras en mi alguna vez? Porque yo pienso en vos todo el maldito tiempo.
Aun no se como se sale de esta infelicidad en la que estoy metida, y cada vez que doy un paso, retrocedo tres más.
Cada día estoy más lejos de vos, y eso me enloquece.
Se cruzara por tu cabeza el fragmento de alguna conversación? El recuerdo de algún chascarrillo, de alguna picardía… alguna vez que cruzamos miradas.
Se pregunta mi alma si alguna vez habrás temblado como yo. Hasta ahora estoy temblando. Porque tus ojos eran un abismo al que amaba asomarme, y me encontraba a mi misma, sintiéndome tan cómoda en ese espacio de tu silencio; que no hacía falta que dijeras nada.
Yo sola podía hacer de tu voz un poema.
Me bastaba contemplarte, en esos instantes tan fugaces y superficiales, para sentirme viva.
Que queda ahora? Que hago hoy, que este desvelo me mata, repitiéndome tu nombre?
A quien haya inventado el infierno, se le fue la mano, creando este círculo tortuoso en el que yo te quiero, y te quiero, solo para extrañarte.
Desde que dejé de verte me olvidé de como respirar. Es que paso todo en día imaginando que te encuentro de nuevo y eso me hace contener el aliento. Te pienso mientras me ato los cordones, cuando subo escaleras y hasta en el baño. Así que casi todo el día estoy sin respirar y cuando me doy cuenta, pego una bocanada desesperada, creyendo que me muero. Capaz que extrañarte es como morirme de a poquito.


«El agua bien caliente, y la ponés rodeando la bombilla, ¿Ves? Y acá queda una islita de yerba seca».
Yo miraba maravillada sus dos manos sosteniendo el humeante mate, mientras el amanecer vibraba entre los sauces del patio.
Memorizaba el ritual paso a paso, y luego sorbía, hasta que empezaba a hacer ruidito. ¡Que delicia! Que reconfortante ese primer mate de la mañana, que yo me traje de recuerdo cuándo me tocó volver a Argentina.
Luego de esa visita a tu Palmira soleada, rodeada de ríos y lagunas de patos, yo ya no quería el desayuno.
Tomar mate me acercaba a ese escalón de la puerta trasera de tu casa y a Los momentos breves y felices que compartimos.
Me retaban en casa: No vas a crecer nunca! – Me decía mi vieja.
Y algo de cierto debía tener, porque no paso los 151 cm aún hoy.
Pero yo esperaba a que todos se sentaran en casa, y me unía discretamente a la ronda, para ver si tenía suerte. Y cuando al fin llegaba, el sabor de la yerba me transportaba a la rambla, y las monedas para correr al almacén de la esquina, y a buscar tortugas cerca del cañaveral.
Siempre te observaba mirar en silencio las flores de tu jardín.
Me pregunto ahora que pensabas, mientras se oía llegar la moto del abuelo; y Juan se comía tus «huevos fritos» en flor.
Los años pasaron. Pero aún despierto, y lo primero al abrir mis ojos, es poner la pava.
La ronda ahora incluye a tus bisnietos, incluso a sus «dragoncitos», o algún compañero de colegio.
Pero eso no importa ahora. Siempre mi compañía es el mate.
Se hacen las 7. Aún no llega el recreo, pero la universidad se siente fría. O quizá Soy yo.
Mi teléfono suena. Y entonces entiendo porqué los huesos se sentían como estacas en un invernadero silencioso.
Vos ya no estás en este mundo.
Y aunque yo corra, no hay forma de llegar a vos.
Toda esa noche pasa entre el lamento y la fatiga, pero ni bien la luz se asoma, ahí está: el mate.
Y yo me pregunto:¿Qué estarías pensando?
¿A qué parte de tu vida, a qué otra vida habrías viajado entonces, mientras el rocío caía sobre tu azucena favorita?
¿A qué amores habrás lamentado y que tristezas habrás disimulado por la sonrisa que dibujabas cuando yo te llamaba, impaciente,para que me sirvieras otro?
El agua bien caliente,la pones alrededor de la bombilla, y no toques la yerba seca en el medio.
Y así cada día, yo siento tus manos mapeadas entre las mías, abuela.