Publicado en antología Nuevas Letras Argentinas , presentada en la Feria del libro en 2018.
HEROE
Quisiera decir que fue más mística esta tarde.
Que había un cielo pintando el ocaso en un paño de ocres, y la arena flotaba alegre mientras el agua la empujaba a la orilla.
Quisiera decir que el viento salado golpeaba mi cara y mis pies chapoteaban en el agua helada.
No fue así. Era solo otra tarde.
Pero quien sabe al fin y al cabo que es lo que distingue un día de otro. Que es lo que hace grande a un día, o como un día se vuelve, de la nada, importante y mágico.
Nunca tuve mucho y será por eso, que encuentro en la simpleza cosas invalorables.
No tengo mucho, no. No sé qué es mucho para los demás.
Para mi mucho fue despertar una mañana y decidir dejar de lamentarme. Por mí y por el dolor ajeno, que más de una vez me ha conmovido. Por la fría crueldad de un mundo al que quizá nunca pueda cambiar…pero ¿Por qué no intentar?- Me dije.
Ese día salí a la calle dispuesto a ofrecer todo aquello que nadie me daba. Primero, salté de la cama con raro entusiasmo, y llame a mi madre. Hacía un tiempo se había quedado sola, y la adultez… o la rutina nos habían separado. Pude decirle cuanto la extrañaba. Pude rozar sus oídos con mi vaga voz y recordarle que la amaba… que allí estaba para ella. Después de todo, nunca tuve mucho, pero tenía una madre aún. Eso es bastante ¿verdad?
Después de colgar Salí afuera.
Como siempre el portero del edificio había dejado abierta la canilla mientras barría las hojas. Como me enojaba ese hombre. Ahora que lo pienso me da risa.
Al pasar a su lado lo miré, fijo a los ojos. Nunca había notado que sus ojos eran grises. Que tenía una mirada cansada, algo triste. Y en vez de recriminarle, me detuve para preguntar -¿Cómo estas hoy Osvaldo? El hombre medio asombrado, medio desconfiado me tiro un:- muy bien José, ¿ y usted? – entonces me senté sobre el escalón de salida y le empecé a contar. Nos reímos un rato y al final me fui de allí sabiéndolo un señor muy amable, con sus problemas como todos, con sus defectos… como todos…como el de no cerrar la canilla.
Doblando justo a la esquina estaba esta señora. La que pedía monedas con un bebé en brazos y un pequeño de unos años sentado a su lado.
Siempre sentí cosas contradictorias al respecto. Nunca entendí. Pero no iba a hacerlo en ese momento, así q al pasar saqué la billetera.
-A ver señora, ¿cuánto necesita para irse a casa? Esos chicos tienen calor y no es el mejor día para que los tenga la calle-y traté de terminar esbozando una sonrisa.
La mujer no me dijo nada. Creo que se moría de vergüenza.
Entonces mire cuanto tenía: 35 pesos… se los dí…
La mujer agradeció y guardó el dinero en un bolsito. Y me prometió marcharse en ese momento con las criaturas, así que seguí, satisfecho.
Seguí unos pasos y me senté en la garita de la parada. Hacía calor para trabajar, pero otra no queda.
Cuando subo al 60 me voy hasta el fondo y me siento.
Dos paradas más adelante suben dos chicos que iban a la escuela.
¿Ya volvió tu mamá? Le preguntó el más grandecito. Unos 8 años tendría. No-contestó el otro-mi papá me dijo que ya iba a volver. Pero hoy no fue a trabajar porque tiene que cuidar a mi hermanita.
-Que mal. Bueno ya me bajo-le respondió el amiguito.
Yo miré al chico, parado frente a mí. Con su mochila cruzada, con un cierre roto. Un guardapolvo cortito, dejado quizás por algún primo. Su manito se sostenía fuerte del asiento. Su cara miraba inmóvil por la ventanilla, separada del tumulto que lo rodeaba.
Fue cuando vi caer una lágrima que deje de retenerme.
Le puse mi mano en la suya y le di mi más simpática mirada. El niño desconcertado se secó los ojos.
-No te preocupes, le dije.- Vas a ver que esas cosas de grandes siempre se arreglan.- Y seguimos conversando todo el camino hasta que se tuvo que bajar.
Todas las mañanas por una semana hice el mismo proceso.
Llame a mi madre, charle con Osvaldo, le dí lo que me quedaba de changuear A la señora y hablaba con el chico del colectivo.
Dos semanas después los diálogos con mamá eran rutina. Osvaldo era una fuente inagotable de chismes y de carcajadas antes del trabajo. Ana, la señora que pedía, limpiaba en casa, o mi intento de casa, y a pesar de que no había mucho para hacer me vi feliz de que se sintiera útil…
Y Raúl…bueno con él nos hicimos amigos. Y aunque en dos semanas su mamá no había vuelto a casa después de haberse ido quien sabe a dónde , consolar a su hijo sin juicios ni expectativas de tener algo a cambio me hacía sentir lleno.
Así que a la noche volvía cansado, pero tan vivo.
Ya algún tiempo después descubrí que es cierto eso que dicen, de que hay más felicidad en dar que en recibir.
No renegué con la gente en el trabajo. Le dejé siempre los caramelos a la cajera. No me pelee con el colectivero cuando me cobraba de más el boleto ni me enojé si me bajaba una parada después.
Traté de pagar con amor a todos. El mismo que vos me enseñaste. Yo sé que quizá no llegué a ser quien hubieras deseado. Sé que no pudiste bancarme y que yo tampoco pude, una universidad. Y sé que siempre me costó tener un trabajo.
Sé que quizá en esta vida no logre tener una casa propia. Y que no siempre puedo ayudar a mamá tanto como quisiera.
En todo eso pensé en este momento. En este lugar. En este día que me tomé para mi subiéndome al tren,¡ el nuevo!
Cuando ví el mar no pensé en que no estaría aquí más de un día.
No pensé en lujos, ni en hoteles. No pensé en cuanto duraba el viaje.
Solo me entregué a la imagen y me sentí agradecido.
Quizá no sea mucho. Pero lo que sea que soy… espero que estés orgulloso de mí. Puedo decirte que no hago más que dar. Es lo que hacías vos. ¿Verdad?
Ya lo entendí. Te lo prometo.
Te vi llegar mil veces agotado a la casa, y jamás me negaste tu abrazo. Nuestros grandes lujos eran las mateadas a la orilla de la panamericana y alguna ida a cenar alguna vez, y te costaba tanto….y jamás te oí quejarte. Te vi pasar por todo sin dejar de dar lo mejor. Y aunque jamás fuimos ricos, para mi fuiste tan grande… me has enseñado tanto. Papá: cuando sea más grande, quiero ser un héroe, como lo fuiste vos.
En este ocaso, yo te abracé. Mañana le toca a Raúl.
Para mi viejo …

Lo ame hasta las lágrimas será que me toca desde lo más profundo porque ya no lo tengo a mi Héroe ♡
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Ese es el verdadero hèroe ..el que te moldea para mejor..te hace grande en cosas pequeñas pero escenciales para vivir..gracias porque en cada palabra agradecida tuya hay un profundo amor a tu hèroe y lo dignifica.
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