Hay una voz en mi cabeza
que no arde ni quema.
Como un murmullo desolado
en algún rincón estancado.
Yo la oigo gritar por las noches
y finjo ignorar su existencia,
porque me aturde la insistencia
de su incontrolable presencia.
Y no la curan los médicos,
ni la acallan las pastillas.
No la alivian las lesiones,
ni el abrazo,o las canciones.
Y me da miedo escucharla
y entenderla de algún modo.
Yo sospecho que es la muerte,
O mi alma, pidiéndome ser fuerte.
Etiqueta: silencio
Taxi
Quien podría soportar tal caudal de estrepitosa manifestación? Bocinas y sirenas gemían estridentes ,aullando en la ciudad.
El joven volvió la atención al trafico,como despertando de un trance.
– Qué calor no? –dijo con amistosa voz ,sin tener respuesta del interlocutor que se hallaba en el asiento trasero del taxi .
Se sonrió,mirando por el retrovisor.
“No todos tienen ganas de hablar» – pensó,y se secó las manos sudorosas con una franela.
El auto arrancó,y lentamente se fue alejando de la capital.
Las calles de a poco fueron perdiendo su congestión y su caos, y a medida que avanzaban se iban tornando mas tranquilas y alegres.
Asi anduvieron un largo rato,cruzando buenos aires.
“40 grados” anunciaba la radio. Enseguida se escuchaba la melodía de una canción bastante vieja,de una gran banda nacional.
El joven murmuraba la letra,golpeando con los dedos el volante.
Sus jóvenes años denotaban una vitalidad resplandeciente. Se lo veía dichoso a pesar de la rutina,y la vida con sus dilemas, como nos acaecen a todos.
El brazo,lleno de finos vellos rubios,comenzando a broncearse fuera de la ventanilla.
“Dentro de todo esta lindo para viajar, no?” –otra vez, la persona de atrás no contestó.
La ruta serpenteaba ya ,entre bastos lotes cubiertos de pastizales y jacarandás de flores rosadas.
Una vez más, el muchacho fijó sus ojos en el espejo mientras conducía.
Por un segundo ,su visión se desenfocó ,llevándolo a lo profundidad de su propia mirada. Como cayendo en una piscina de aguas verdes y brillantes.
Todo se volvió sereno. Su pulso se desacelero en ese instante.
Se vió desvaneciendose en una azul catarata rumbo al vacío. Cuándo al fin hizo pie sobre algo,su cuerpo se sentía liviano,como una pluma. Todo alrededor era un páramo desolado. Dunas oscuras se erguían a su lado,como una postal de los Monegros. Un viento seco y poderoso hacía volar su cabello.
Era tanta la impresión,era tal la sensación de incomensurable soledad y vacío que su mente, tratando de rescatarlo de aquella funesta visión lo volvió pronto a la realidad de un tirón.
De nuevo eran sus ojos lo que veía,pero sobre ellos,el claro reflejo de una lágrima comenzaba a humedecer la pupila.
Aquel atizbo de ensueño,no era más que el nítido retrato de la profundidad de su alma.
El sonrió,y se limpió los ojos con una mano.
De a poco el sol caía,y la atmósfera se volvió algo mas agradable.
El viaje parecía eterno. Pero el seguía risueño,tarareando ,y mirando el paisaje campestre.
No había un alma a esa altura de la 9. Solo alguna alimaña que ocacionalmente atrevezaba los juncos y el pasto crecido que bailaba de un lado al otro con la brisa.
El coche fue bajando la marcha ,mientras se tiraba a la banquina,dejando una huella profunda en la tierra.
El tomó el retrovisor con la mano y lo acomodó.
– Ya llegamos – dijo,mirando fijo el reflejo.- Esta es la parte en la que nos hacemos amigos- y volvió a sonreir ,con su hermosa boca,admirando con vehemencia a la joven que tenía amordazada en el asiento de atrás.
