Voces

Hay una voz en mi cabeza
que no arde ni quema.
Como un murmullo desolado
en algún rincón estancado.
Yo la oigo gritar por las noches
y finjo ignorar su existencia,
porque me aturde la insistencia
de su incontrolable presencia.
Y no la curan los médicos,
ni la acallan las pastillas.
No la alivian las lesiones,
ni el abrazo,o las canciones.
Y me da miedo escucharla
y entenderla de algún modo.
Yo sospecho que es la muerte,
O mi alma, pidiéndome ser fuerte.

De los diarios.

«(…) Me desperté y ví que todo esto me sobrepasaba. Que no había horarios que bastaran, porque las horas eran eternos lazos de agonía que me condenaban a esperar un mensaje que nunca llegaba.
Corrí con la mano la cortina sobre mi cabeza, y perdida en la claridad de la mañana,pude ver el valor de una mísera palabra. El obstinado poder de la llamada comunicación.
Me pregunté: ¿Cómo podés decir que me amas ,si no me podés decir buenos días? Si no me decís «estoy llegando», o «voy más tarde»…o «mátate hija de puta!» . No sé…algo. ¿Dónde están las palabras que refuerzan el hecho? ¿Y los hechos?
Suspiré cerrando los ojos, con el baño de luz aún cayendo en la cara ,y solo quise quedarme así siempre. Esperando. Sin conciencia de lo que esperaba.
Aún así, el reloj correría sin pensar en detenerse. Porque el tiempo es lo único que no espera.
Así la mañana se haría tarde,y la tarde noche, y yo seguiría en mi cama viendo cambiar el cielo como un cuadro al revés.
Y cuando al fin llega el mensaje, ya no quiero atenderlo. Me cargué de tantas dudas, tanta ira y soledad, que ya no sé si bastaría , o si tendría el valor de hacerlo.
Detrás del mensaje, se oye el golpeteo en la puerta. Pero mi cuerpo está cansado, y mi corazón está cansado, y no quiero levantarme a atenderte.
Entonces en un flash, viene a mi mente esta lluvia de mierda, dónde te veo sin parar, sobre lo que fuimos nosotros.
También aparecen los demás. Todos los que sufren por mí, casi tanto como yo.
Y allí, como la luz al final del oscuro túnel, aquel recuerdo…el único en el que fuimos felices.
Cuántas cosas perdimos. Me pregunto si se podrán recuperar alguna vez. No creo.
Y me levanto.
Y abro la puerta.
Y me abrazas.
Y ahí es donde la historia deja de repetirse brevemente,solo por un rato, después de tanto sangrar.»