





Había tomado un lápiz en el ímpetu frenético de trazar las línea correctas para dibujar la perfecta marca de su boca.
El detalle de la grieta ,justo en el medio. Las arrugas resecas en la parte gruesa del labio inferior,y hasta captar esa leve humedad que surgía entre ambos ,como un volcán escondido ,naciendo del centro de una flor.
Toda la habitación,llena de bollos estrujados,maldecidos y maltrechos.
El inútil intento,vez tras vez,de plasmar esa boca más allá del recuerdo que se desvanece a lo largo de los temerosos segundos.
No podía detenerse.
Aún con la luz de la vela apagándose ya frente al atril envejecido. Aún cuando la noche y el día parecen sucederse sin benevolencia. Entendió de pronto que se estaba volviendo loco.
Pero que locura era esa?
Que diagnóstico había en aquel frenesí imparable de dejar prueba de haber vivido ,por un momento,la felicidad?
La respuesta estaba en esa sonrisa.
La que había sido regalada solo para él. Aún cuando el mundo caía,y cuando no había nadie más para sostenerlo.
Aún así se detuviera el tiempo ,y estallara el planeta en cientos de pedazos y plagas, y muertes y cajones apilados.
Aún cuando los mares se abrieran y se secaran ,y las estrellas calleran todas ,y la tierra partida se tragara a los viejos y a los niños ,y los autos chocaran y las parturientas expiraran en llantos trágicos y remotos …
Aún cuando todos murieran y corriera bajo sus pies un río de sangre,un río de lágrimas…era esa sonrisa. Era ese suspiro fugando elocuente frente a sus ojos ,el relato necesario para explicar su soledad que lo ensombrecia incluso desde el mismo día en qué había nacido ,y lo acompañaría hasta el día de su última exhalación ,mientras la carbonilla se deshacía entre sus blancos dedos.

Quien podría soportar tal caudal de estrepitosa manifestación? Bocinas y sirenas gemían estridentes ,aullando en la ciudad.
El joven volvió la atención al trafico,como despertando de un trance.
– Qué calor no? –dijo con amistosa voz ,sin tener respuesta del interlocutor que se hallaba en el asiento trasero del taxi .
Se sonrió,mirando por el retrovisor.
“No todos tienen ganas de hablar» – pensó,y se secó las manos sudorosas con una franela.
El auto arrancó,y lentamente se fue alejando de la capital.
Las calles de a poco fueron perdiendo su congestión y su caos, y a medida que avanzaban se iban tornando mas tranquilas y alegres.
Asi anduvieron un largo rato,cruzando buenos aires.
“40 grados” anunciaba la radio. Enseguida se escuchaba la melodía de una canción bastante vieja,de una gran banda nacional.
El joven murmuraba la letra,golpeando con los dedos el volante.
Sus jóvenes años denotaban una vitalidad resplandeciente. Se lo veía dichoso a pesar de la rutina,y la vida con sus dilemas, como nos acaecen a todos.
El brazo,lleno de finos vellos rubios,comenzando a broncearse fuera de la ventanilla.
“Dentro de todo esta lindo para viajar, no?” –otra vez, la persona de atrás no contestó.
La ruta serpenteaba ya ,entre bastos lotes cubiertos de pastizales y jacarandás de flores rosadas.
Una vez más, el muchacho fijó sus ojos en el espejo mientras conducía.
Por un segundo ,su visión se desenfocó ,llevándolo a lo profundidad de su propia mirada. Como cayendo en una piscina de aguas verdes y brillantes.
Todo se volvió sereno. Su pulso se desacelero en ese instante.
Se vió desvaneciendose en una azul catarata rumbo al vacío. Cuándo al fin hizo pie sobre algo,su cuerpo se sentía liviano,como una pluma. Todo alrededor era un páramo desolado. Dunas oscuras se erguían a su lado,como una postal de los Monegros. Un viento seco y poderoso hacía volar su cabello.
Era tanta la impresión,era tal la sensación de incomensurable soledad y vacío que su mente, tratando de rescatarlo de aquella funesta visión lo volvió pronto a la realidad de un tirón.
De nuevo eran sus ojos lo que veía,pero sobre ellos,el claro reflejo de una lágrima comenzaba a humedecer la pupila.
Aquel atizbo de ensueño,no era más que el nítido retrato de la profundidad de su alma.
El sonrió,y se limpió los ojos con una mano.
De a poco el sol caía,y la atmósfera se volvió algo mas agradable.
El viaje parecía eterno. Pero el seguía risueño,tarareando ,y mirando el paisaje campestre.
No había un alma a esa altura de la 9. Solo alguna alimaña que ocacionalmente atrevezaba los juncos y el pasto crecido que bailaba de un lado al otro con la brisa.
El coche fue bajando la marcha ,mientras se tiraba a la banquina,dejando una huella profunda en la tierra.
El tomó el retrovisor con la mano y lo acomodó.
– Ya llegamos – dijo,mirando fijo el reflejo.- Esta es la parte en la que nos hacemos amigos- y volvió a sonreir ,con su hermosa boca,admirando con vehemencia a la joven que tenía amordazada en el asiento de atrás.
