Hay una voz en mi cabeza
que no arde ni quema.
Como un murmullo desolado
en algún rincón estancado.
Yo la oigo gritar por las noches
y finjo ignorar su existencia,
porque me aturde la insistencia
de su incontrolable presencia.
Y no la curan los médicos,
ni la acallan las pastillas.
No la alivian las lesiones,
ni el abrazo,o las canciones.
Y me da miedo escucharla
y entenderla de algún modo.
Yo sospecho que es la muerte,
O mi alma, pidiéndome ser fuerte.
Etiqueta: diario
De noche
Quisiera poder decir que me quiero morir. Nadie me deja hacerlo. No me preguntan por qué. No me dejar hablar al respecto.
Quisiera poder morir.
Acostarme hoy y no despertarme nunca.
Es un deseo muy profundo,casi un ruego.
Pero al parecer para el resto es vergonzoso. Es un tabú.
Se supone que debemos ser felices.
Se supone que debemos conformarnos con lo que nos toca.
Se supone que se cura haciendo aquellas cosas que ya no tenemos la mísera voluntad de hacer.
Yo quisiera morir hoy.
Porque ya he andado mucho.
Tengo los zapatos y el alma, y el amor por la vida gastados.
Porque lo he dado todo.
Y todo lo que queda,es expirar al fin y pudrirme en este mundo al que no pertenecí nunca.
Día normal.
Era una seguidilla de días soleados.
No se porqué, pero el resplandor del sol pegaba en las veredas con brillo dorado,y todo parecía algo más luminoso.
Íbamos con mi hija de vuelta a casa, sin hablar de nada en particular.
Una mañana especial como cualquier otra.
Por la calle pasaban los autos,y recuerdo, en esa esquina en la que alguna vez pensé en vos, me llamó la atención el terreno pelado.
Tiraron la casa abajo- dije, mientras por la cabeza flotaba tu foto.
Si ma, hace bastante ya.
El perro del vecino nos esperaba, como siempre, para ladrarnos desde la cerca.
No se por que. Pero todas las veces me asustaba.
Yo si sabia que iba a estar ahí, acechando agazapado entre los floripondios de su dueña, esperando salir como bola de cañón furiosa. Pero al llegar, la conciencia se apagaba, y me tomaba por asalto el feroz ladrido.
Las dos nos asustamos , y entonces nos reímos.
Y yo ví, en su mirada pícara y cómplice, la chispa vaga de mi triste existencia y por un momento fugaz tuve esperanza.
De la casa en alto de la esquina colgaba ese jazmín de azahar precioso que yo cada verano envidiaba, regalándonos una rafaga perfumada con el viento. Me abrazó ese perfume, y me sentí agradecida de haber existido en ese instante;agradable, dulce… como la caricia de un hijo, o el día de cobro de un primer salario que ya no vería.
Y aunque me dio algo de nostalgia, seguí sonriendo, escuchando como bajo del agua la voz difusa de “la negra”, que no paraba de hablar. Nunca para de hablar.
El camino se hizo algo más corto. Algo más rápido. La bajada frenética del caminito parecía anticipar alguna cosa.
Un nudo en el corazón que era grande, como las paredes del barrio vecino, con sus alambres de púas y sus cámaras.
Y no se porqué. Pero de verdad, no lo entiendo. Al llegar a casa la luz se hacía cada vez más tenue, y cruzando la puerta , ya era un abismo.
Se apagó el sol, el azahar y la risa. Volvieron los recuerdos tristes y la angustia en la garganta.
Y nada había pasado. Ni bueno, ni malo.
Nada extraordinario, ni trágico ese día, más que cualquier otro.
Había sido uno más. Simple. Corto. Perfecto.
El día en que decidí morir.
De los diarios.
«(…) Me desperté y ví que todo esto me sobrepasaba. Que no había horarios que bastaran, porque las horas eran eternos lazos de agonía que me condenaban a esperar un mensaje que nunca llegaba.
Corrí con la mano la cortina sobre mi cabeza, y perdida en la claridad de la mañana,pude ver el valor de una mísera palabra. El obstinado poder de la llamada comunicación.
Me pregunté: ¿Cómo podés decir que me amas ,si no me podés decir buenos días? Si no me decís «estoy llegando», o «voy más tarde»…o «mátate hija de puta!» . No sé…algo. ¿Dónde están las palabras que refuerzan el hecho? ¿Y los hechos?
Suspiré cerrando los ojos, con el baño de luz aún cayendo en la cara ,y solo quise quedarme así siempre. Esperando. Sin conciencia de lo que esperaba.
Aún así, el reloj correría sin pensar en detenerse. Porque el tiempo es lo único que no espera.
Así la mañana se haría tarde,y la tarde noche, y yo seguiría en mi cama viendo cambiar el cielo como un cuadro al revés.
Y cuando al fin llega el mensaje, ya no quiero atenderlo. Me cargué de tantas dudas, tanta ira y soledad, que ya no sé si bastaría , o si tendría el valor de hacerlo.
Detrás del mensaje, se oye el golpeteo en la puerta. Pero mi cuerpo está cansado, y mi corazón está cansado, y no quiero levantarme a atenderte.
Entonces en un flash, viene a mi mente esta lluvia de mierda, dónde te veo sin parar, sobre lo que fuimos nosotros.
También aparecen los demás. Todos los que sufren por mí, casi tanto como yo.
Y allí, como la luz al final del oscuro túnel, aquel recuerdo…el único en el que fuimos felices.
Cuántas cosas perdimos. Me pregunto si se podrán recuperar alguna vez. No creo.
Y me levanto.
Y abro la puerta.
Y me abrazas.
Y ahí es donde la historia deja de repetirse brevemente,solo por un rato, después de tanto sangrar.»