Pérdida.

Pérdida.

Era ya bastante tarde, cuando Agustín salió disparado a la cuadra donde tomaba el taxi. 

Menos veinte le marcaba impaciente el celular. Y la urgencia se hacía carne en la cara transpirada y la agitación.

Llegó al lugar sin aliento, y con desasosiego, vio a lo lejos la columna amarilla de vehículos marchando. 

Solo quedaba hacer un par de cuadras más, y esperar el 81, entre el tumulto ruidoso de la ciudad y tratando de esquivar a los ciclistas y las mujeres apuradas con bolsones gigantes que parecían desfondar el 11 cada día. 

Así lo hizo. Con paso ligero y la mochila ya flameando cuál bandera se precipitó a Pueyrredón.

La calle, extrañamente vacía, no le importó. De hecho se sintió alegre de por fin poder cruzarla como una gacela felíz cruza un prado. Se imaginó, incluso, con un pelaje lustroso, reflejando el sol ardiente de la ciudad mientras corría.

Pero la alegría duraría poco, porque al llegar, una sensación terrible, de alerta, casi de miedo, le nubló la exitosa hazaña. 

¿Qué se olvidaba?

«¿Qué me estoy olvidando?» Se repitió. Una y otra vez como un mantra maldito. Se tocó los bolsillos. Llaves, teléfono, documentos.

Revisó la mochila azul y gastada. Tenía la sube en un compartimiento interno, un par de cuadernos y el termo y el mate. 

¿Sería el barbijo? 

Lo tenía colgado del mentón, como una bufanda. No era eso. ¿Los permisos? Hurgó en la aplicación y estaba en orden.

Pero ese horrible sentimiento persistió como un palpito mordaz que le hacía sentir el cuello rígido y le aceleraba el pecho. 

Intentó calmar el torrente adrenalínico mientras miraba cada tanto, aguardando el 81. No llegaba. 

¿Qué era? Repasaba los detalles en su cabeza. Había sonado la alarma a las 7. Había desayunado y tomado su ducha. 

Había preparado el bolso, como cada día. Cada paso meticulosamente dado según la costumbre. La rutina que implacable ya se hacía sola, como en automático, llevado por su vértigo y su ritmo frenético.

A lo lejos, un auto a toda velocidad.

Demasiado consternado, lo ignora. Hasta que se oye la frenada violenta y puede olerse el caucho quemado como un incendio. El vehículo se asoma a toda velocidad sobre su distraída espalda, y estalla sobre la parada, arrastrándolo a su paso. 

Una pena realmente. Una pena. Porque lo que Agustín olvidaba, es que era domingo, y no trabajaba. 

⬛ Cuando el río suena … (es el Holding que tropieza mientras huye y se le caen las monedas).

Desde sus inicios en mayo del ’97, el Parque de la Costa se convirtió en un emblema Tigrense.  Muchas generaciones pasaron por él y fué el premio de más un curso del colegio que era invitado. No solo con las típicas atracciones, sino también los shows de calidad. No me olvido más del recital de los […]

⬛ Cuando el río suena … (es el Holding que tropieza mientras huye y se le caen las monedas).

La persona felíz.

Pensaba que la gente felíz tenía suprimida la tendencia a sentir dolor. Creí que eso era algo privativo, de los que como yo, miramos la vida con pesadumbre y apatía. 

Creí que la gente como vos reía siempre, aún de la desgracia más sombría, y ponía ese gesto de gracia como un estandarte frente a la crudeza de nuestros destinos.

Todas esas falsas ideas tenía. 

Y no es un reclamo. 

Pero déjame explicarte. 

Y es que yo creía, que luego de haberte tomado el trabajo de levantarme tantas veces, luego de haberme librado del abismo extendiendo tu brazo, eras algo así como un super héroe.

Te ví como se ven esas personas radiantes, a las que les brillan los dientes y no se les nota grieta en el alma. 

Si sabía de algunos cuantos golpes, que lejos de asustarte te hicieron mucho más decidido , a la hora de seguir,cómo es costumbre,riéndote de todo en esta amarga vida. ..

Al menos hasta hoy. 

Hoy dijiste algo en un texto y yo te aseguro que pude oír tu voz en las letras … fue la primera vez que te sentía desesperanzador, y así, como en un eco, pude escuchar también el rajarse de tu corazón como se resquebraja un cristal después de estar expuesto al calor y al frío. 

Algo se rompió. 

Y yo podía entender el sentimiento pero en ese segundo solo rogué que durara poco. 

Es egoísta. Te quería entero de nuevo,pero creo que fue más por mí que por vos. 

Y pasados unos minutos la pesadez que me acompaña todos los días me cayó como bloque en la espalda y la cabeza, y entendí que me dolía que a vos te doliera ,y que te doliera tanto. 

Me sentí impotente de no poder curarte un poco al menos. 

Me sentí sin palabras. Lejana. Y pensé en vos, tan triste, que no te escuché reír ni una sola vez. 

Por una vez,desee que nada me pasara a mi misma, porque pensé ( dándome demasiado crédito quizá) que no quería ser otro motivo de tristeza para vos. 

Y en la distancia yo también lloré tu pena, aunque no me atreví a molestarte de nuevo en toda la jornada. 

No soy alguien de fé, pero si tengo fe en algo. Eso es en la posibilidad de que no hayas dejado de ser,en realidad,la persona feliz… si no que quizá la crueldad de este tiempo te pasó por encima de golpe, y te va a hacer olvidar, por un buen rato, de quién sos… y tal vez, con el tiempo, esa carcajada impertinente y rebelde que SOS vos todo te vuelva al cuerpo, y otra vez te levante la gana para seguir pecheando los días por venir. 

Yo te hice un lugar en mi pecho,amigo. 

Pongo mi fe en estas cosas,y en que al despertar,alguna mañana , ya no te duela tanto. 

El día que te pedí que no te fueras.

Aquella vez que sostuve tu mano pude comprender tu gesto de tantas veces. 

Quise ponerte un alto,para que no te alejaras ,con el temor que fuera,está vez,para siempre.

Porque fuí tan caprichosa sin ver que algún día agotaría tu paciencia? 

Porque no entendí que había un límite para el berrinche sin freno de mí carácter? 

Quería dejar en ese instante de ser la niña atrapada en mí, para ser la persona que necesitabas. 

Para poder hablar sin rodeos y sin miedos ,para actuar sin jugar como en las novelas que me gustaba ver e imaginaba interpretar. 

Quería hacerme de Nuevo, para ajustarme a lo que querías . Para no tener que estar ahora deteniendo tu paso,rogando a algún dios que no te vayas. 

Sostengo tu brazo ,firmemente,como si me aferrarse a la vida misma .

Trato de contener el aliento ,que logra escapar por mis ojos en forma de un cristalizarse la mirada ,y aún así,no puedo pronunciar las palabras para que te quedes. 

No queda mucho tiempo. Aún corre,mientras todo alrededor se detiene. Sólo somos nosotros. 

Yo,intentando sostenerte.

Vos, intentando desprenderte. 

Y está lucha de voluntades ,que nos separa y nos une, en la desgracia y en lo estúpido de la vida ,para darnos algún sentido. 

⬛Psicólogos en Cuarentena

⬛Sumando días a nuestras cabezas. Por Meme – Algunos la llevan bien. Acomodados en el ostracismo, pasan sus días sin ton ni son. Sumando actividades y actitudes que les facilitan la vida en tiempos de pandemia. Pero otros, entre los que me incluyo, no sabemos donde meternos lo que sentimos. ¿Y qué hacemos? ¿Cómo acomodamos la cabeza cuando el contador sigue girando y nos vemos aún muy lejos de la normalidad (que dicho sea de paso quizá nunca vuelva)?

⬛Psicólogos en Cuarentena