¿Y a quien le importa?
Que mi cama ya no sea mía
Y que deba pedir permiso
Para acurrucarme en una esquina.
Que nadie note que estoy cansada
Que sigan gritando a voz alzada
Como si dormir fuera mezquino.
Quien me verá la marca en el cuello,
La soga fina en la ventana.
Quien levantará el teléfono
Para fingir que me llama.
A quien le importa?
Al de la secta proclamada,
Al que me pidió para el vino
O al que nunca le importe nada.
No.
No hay más certeza que la muerte,
Y es nuestra única muestra despiadada
De fe irrevocable e inocente.
Y a quien le importa,
Si a mi misma,
No me importa.
Gracias, porque cada trabajo tuyo es un regalo.
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