Recuerdo


«El agua bien caliente, y la ponés rodeando la bombilla, ¿Ves? Y acá queda una islita de yerba seca».
Yo miraba maravillada sus dos manos sosteniendo el humeante mate, mientras el amanecer vibraba entre los sauces del patio.
Memorizaba el ritual paso a paso, y luego sorbía, hasta que empezaba a hacer ruidito. ¡Que delicia! Que reconfortante ese primer mate de la mañana, que yo me traje de recuerdo cuándo me tocó volver a Argentina.
Luego de esa visita a tu Palmira soleada, rodeada de ríos y lagunas de patos, yo ya no quería el desayuno.
Tomar mate me acercaba a ese escalón de la puerta trasera de tu casa y a Los momentos breves y felices que compartimos.
Me retaban en casa: No vas a crecer nunca! – Me decía mi vieja.
Y algo de cierto debía tener, porque no paso los 151 cm aún hoy.
Pero yo esperaba a que todos se sentaran en casa, y me unía discretamente a la ronda, para ver si tenía suerte. Y cuando al fin llegaba, el sabor de la yerba me transportaba a la rambla, y las monedas para correr al almacén de la esquina, y a buscar tortugas cerca del cañaveral.
Siempre te observaba mirar en silencio las flores de tu jardín.
Me pregunto ahora que pensabas, mientras se oía llegar la moto del abuelo; y Juan se comía tus «huevos fritos» en flor.
Los años pasaron. Pero aún despierto, y lo primero al abrir mis ojos, es poner la pava.
La ronda ahora incluye a tus bisnietos, incluso a sus «dragoncitos», o algún compañero de colegio.
Pero eso no importa ahora. Siempre mi compañía es el mate.
Se hacen las 7. Aún no llega el recreo, pero la universidad se siente fría. O quizá Soy yo.
Mi teléfono suena. Y entonces entiendo porqué los huesos se sentían como estacas en un invernadero silencioso.
Vos ya no estás en este mundo.
Y aunque yo corra, no hay forma de llegar a vos.
Toda esa noche pasa entre el lamento y la fatiga, pero ni bien la luz se asoma, ahí está: el mate.
Y yo me pregunto:¿Qué estarías pensando?
¿A qué parte de tu vida, a qué otra vida habrías viajado entonces, mientras el rocío caía sobre tu azucena favorita?
¿A qué amores habrás lamentado y que tristezas habrás disimulado por la sonrisa que dibujabas cuando yo te llamaba, impaciente,para que me sirvieras otro?
El agua bien caliente,la pones alrededor de la bombilla, y no toques la yerba seca en el medio.
Y así cada día, yo siento tus manos mapeadas entre las mías, abuela.

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