El grito.
Corría por la calle como condenada, tratando de escapar de la lluvia que caía copiosa entre los árboles.
El día gemía horrible entre truenos y rayos que iluminaban de azul la calle.
Con la ropa empapada y el pelo pegado a la cara, se avienta sin reparo sobre la reja de su casa, y al fin al abrir la puerta, suelta el bolso y las llaves en el suelo.
Desconcertada, inhala un par de veces, inmóvil, mirando algún punto perdido del pasillo.
Quizá su mente buscaba un segundo de silencio para procesar lo que había pasado.
Repasó en su cabeza, como en una cinta en blanco y negro cada recorte de memoria.
El se subió al auto. Ella no pudo decirle… él simplemente se fue.
Parecía hipnotizada viviendo de nuevo la imagen vivida del taxi que partía frente a sus ojos sin poder hacer nada.
Muchos años al resguardo de su tierna amistad y dando por hecho su presencia. Tanto tiempo guardando el secreto, egoísta, de quererlo.
Quizá era lo mejor.
Pero mientras se debatía estas cosas, el calor de la casa comenzaba a envolverla, y reaccionando al fin, como quien sale de un trance, el dolor se hizo grande y la dobló en dos.
Nunca había sentido algo igual. Era una lanza atravesada en el pecho. Se vio a sí misma colgando de ella, sin poderla quitar.
Se vio flotando en el aire, intentando arrancarla con ambas manos, mientras se le desgarraba el alma.
Era tarde … o no.
Y las lágrimas rodaron mientras por la puerta aún abierta, entraban el agua, alguna hoja, y el viento.
En su bolsillo, una luz intermitente comenzó a vibrar, sin darle importancia al principio.
Ante la insistencia, saco el teléfono, mojado también. Era su número, y una voraz desesperación la hizo atender.
Su voz, como siempre,era calma. El sabía hablar pausado y parecer eterno.
No pudo esperar a que terminara la frase, se imaginó nuevamente, intentando desclavar la lanza… te amo- gritó. Como un aullido. Sin medir el tono, sobresaltado e impaciente.
-Te amo. – repitió.
Y se apretó el pecho para tratar de que su corazón no escapara, mientras esperaba la respuesta.
Excelente. Gracias por tus relatos tan vívidos que apelan a nuestros sentimientos.
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