Como me caía mal la vecina,desde que llegó al barrio,no paré de jugarle bromas mientras duró su estadía en el departamento de al lado .
Un día le escondí al gato por un mes , y me retorcí cruelmente de risa cuando la pobre, aún al correr las semanas , salía de noche,con frío ,a sacudir el platito de alimento para llamarlo.
También me encantaba abrir el agua caliente mientras se bañaba, porque sabía que con las tuberías horribles que tenía el edificio,se le congelaba de golpe .
Si, bueno , era mala.
Pero ella una vez me vió fumando en el balcón y no dudó en contarle a mí madre en cuanto esta llegó a la casa.
La odiaba de modo vehemente.
La destestaba como a ir a inglés después de clases. O más aún .
Un día , mientras bajaba distraída las escaleras , ansiosa por ver a unas amigas me la crucé en el descanso. La ví , baldeando los escalones, que algún desalmado había llenado de barro y desperdicio.
Era una oportunidad muy buena , y viendo que por lo visto, estaba usando el agua de la planta baja , le pisé sin dudarlo la manguera,para oírla renegar desde arriba.
Mala fue mí suerte cuando al lograrlo,e intentar huir corriendo, no noté que la manguera pinchada había causado un charco en el descanso siguiente…
Allí me fuí, volando, cual cuervo asustado. Para terminar estrellándome contra una columna.
Me levanté. Mire a todas partes tratando de disimular, y juntando la poca dignidad que me quedaba , en las rodillas machucadas y la falda humedecida, aprendí a nunca más molestar a la vecina.