La tormenta.

Cuando el cielo se enceguecía en paños  negros y se juntaba con el oscuro océano ,y todo explotaba en el centro como un halo de luz y espuma ,era cuando mas le gustaba . 

Mirar desde la calma lejana la tempestad,como una analogía de lo interno,inexpresable e indecible ,mientras solo hay silencio alrededor . 

Sosteniendo una taza blanca de café veía caer la tarde,contemplando aquella escena. 

Como si nada mas existiera que ese pequeño corte de muda motricidad en la naturaleza. 

Muchas cosas podían atravesar lamente en ese momento.Pero la siempre recurrente ,y lo favorito para torturarse era la imagen de su rostro,sonriendo,colmando los estantes de la oficina. 

No había tormenta que pudiera arrancarselo del pecho. 

Lanza al aire un pequeño resoplido y moviendo la mirada a los libros sobre la madera polvorienta ,deja la taza delicadamente sobre el escritorio. 

El olor a longevidad y a saber contenido en tantas hojas cubre la sala. 

Un poco de humedad y una tenue oscuridad inhundan todo. 

No hay escapatoria para ciertos momentos. 

Aquellos en los que uno decide con irreverencia suicida,lanzarse al vacío de los recuerdos ,para arroparse en aquellos que más felices nos han hecho, o almenos, los que menos nos han herido. 

Con gran facilidad,el adentro y el afuera se confunden y uno viaja en un chasquido ,otra vez, al roce de la palma que te estrecha en el primer saludo. Ese que se tatúa en los dedos,para después querer sentirlos sobrevolando en la boca, como si uno pudiera asi,robarle al otro un beso. 

La sonrisa y la  lágrima se confunden en la cara…y un no sabe…que dejar salir primero. Entonces aparece la duda de si se llora de risa, o si se ríe por no llorar. 

Es una agonía la nostalgia ,peor que cualquier veneno. 

El suave gong del reloj de la sala la despierta en un segundo. 

El café esta frío y afuera, aún llueve y brama el viento. 

Y en la sala, solo ella , esperando que vuelva pronto aquel ,para llenar ese espacio,desalmado y hueco.

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