Ecos del paraíso.

Se despertó llorando a mares,con los ojos hinchados y rojos. 

El cuerpo agitado, aún dolorido. 

Todo aquello había sido una locura. 

Lo último que recuerda son aquellas enormes explosiones destruyéndolo todo . Las casas cayéndose a pedazos ,la gente desplomándose súbitamente sobre el suelo. 

Aquel rugido que lo volaba todo a su paso ,como un huracán de desolación . 

Luego de eso sobrevino un gran silencio …y una pesadez en el aliento,que la dejó inconciente. 

Un sabor amargo le brotaba de las papilas ,y juntando valor se atrevió,de a poco, a abrir los ojos. 

La visión era borrosa,pero pudo distinguir frente  a su rostro ,un hermoso par de zapatos de hombre ,marrones y bien lustrados. 

Sobre el pie izquierdo una mariposa tornasolada revoloteaba alegre. 

Entonces el alma de ella recobró fuerza,porque esa pequeña criatura representaba la esperanza,el irónico recordatorio de que ella aún respiraba ,y por ende,había una chance. 

Irguiéndose sobre sus palmas llenas de polvo logró sentarse. Y lo vió ,en toda su grandeza,en toda su gloria. En toda su completa y dulce plenitud. 

Su rostro no era el mismo. Era, más bien, la cara de un joven de unos 30. Con el cabello ondulado cayendo sobre sus tupidas cejas;dos ojos marrones gigantes , tan distintos! Y aún así la miraban con ese amor tan claro y tan hondo,que hubiera podido reconocerlo , aún en la piel de cualquier otro ser vivo. 

Alrededor el pasto crecía, reverdeciendo las tórridas ruinas. 

El sol fulguraba vibrante y las aves piaban,clamando alegres. 

Papá? –preguntó ella al fin ,acercando sus dedos con temor hasta el mentón de él. El hombre sonrío. 

– Sí, soy yo mi amor,soy yo. 

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