En la escalera

La luz se balanceaba inquieta sobre la escalera, haciendo bailar a la oscuridad con la luz. El pasillo se encontraba silencioso, con ese silencio sombrío y hasta algo aterrador. 

Sentado mirando el vacío , Claudio meditaba,  inmerso en los recuerdos, como habría sido todo de haber dicho algo. 

Las cosas se habían sucedido tan rápido,  que fue imposible dejar que su boca pronunciara palabra. 

Ella se había ido esa tarde ,cansada de reclamar su valioso tiempo, harta de mendigar amor. 

¿De qué valía ahora tanto trabajo?  ¿De que servía el dinero o las esculturas? 

Ni la fuente en el patio, la que ella amaba, tenía valor. Y la casa, ensombrecida, parecía esa noche, mucho más grande. 

Claudio tomó el teléfono y volvió a marcar.  Quizá esta vez tendría el valor de decirle aquello que celosamente se reservaba ,dando por sentado que ella lo sabía. 

El contestador da el tono, de nuevo, y esta vez, comenzando a sollozar,  decidió dejarle un mensaje: -«te quiero». 

Así cayó la noche. Sobre la casa, sobre él, y sobre todo este mundo , mudo de amor.

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