El beso.

Ya toda la noche había dado vueltas en la cama intentando conciliar un sueño que parecía no querer llegar. 

El reloj sentenciaba tenaz el paso de las horas,cada segundo era un latido intenso en su pecho inquieto. 

No podría olvidarlo,eso era seguro… 

No podría borrar de su mente aquel perfecto recuerdo. 

El la había conocido no hacía mucho.Tomaban siempre juntos el mismo colectivo,en la misma parada. 

Con el correr de los días se atrevió a hablarle,y poco a poco las charlas gratas durante el viaje se hicieron  rutina.El amaba ver como el sol encendía su pelo negro,como un oscuro espejo.Amaba su risa y como fruncía los labios cuando se quedaba sin palabras,y ese gesto con las cejas…cuando no entendía algo. 

Algo en su ser le decía,algo le alertaba que sería distinto esa vez.Algo en el cuerpo le clamaba que lo fuera.

– Ya me bajo-dijo ella. 

El se  acercó a la escalera del colectivo que frenaba para saludarla, sosteniéndose de un pasamanos. 

Se inclinó sobre su rostro,y en un mal movimiento la mitad de su boca se posó sobre la de ella. 

Fue un segundo. 

Fue un instante en el que el mundo pareció detenerse de pronto.No importaba que el universo estallara, ni la bocina del auto de atrás… 

Ambos abrieron sus ojos para contemplarse el uno al otro en ese beso,en ese acto casual que se había predestinado. 

El sintió temblar su ser desde lo más profundo de su alma,mientras se alejaba para sentarse nuevamente. 

El colectivo arrancó y la siguió con la mirada,hasta que no fue mas que una sombra. 

No podría,no querría olvidarlo jamás. 

Al otro día no podía esperar para verla.Despues de esa noche de desvelo había juntado el valor necesario  para invitarla a salir. 

Tomó las llaves,su bolso,y un saco y salió a la calle arreglándose el cabello con una mano. 

Ella no estaba en la parada. 

El la espero….seguramente se habrá retrasado, pensó,mientras sentía el tiempo otra vez volverse un feroz enemigo. 

Así fue toda la semana siguiente.Ella jamás llegaba.Los viajes eran silenciosos.Y un puñal en el pecho le quitaba la voz de a ratos,cuando se resignaba a pensar que allí donde no nacieron,las cosas habrían de morir. 

Pasó el tiempo,y pasó su vida… 

Cada tanto la recordaba. 

Cada tanto deseaba verla… 

Un día incluso bajó en la parada en la que ella solía bajarse… 

Sintiéndose un idiota ,simplemente, dejó de esperarla.

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